MADRID | La Selección de Ecuador volvió a demostrar que tiene con qué codearse con la élite mundial, pero también que le sigue costando cerrar los partidos en los momentos críticos. Este viernes, ante más de 50 mil almas que convirtieron el Estadio Metropolitano en una sucursal del Atahualpa, el equipo de Sebastián Beccacece igualó 1-1 frente a Marruecos, un rival que castigó el único parpadeo tricolor en el cierre del encuentro.
Desde el pitazo inicial, Ecuador mostró una cara agresiva. La apuesta por la velocidad de John Yeboah dio frutos rápidamente; el extremo fue una pesadilla para la zaga africana y coronó su actuación con un golazo que puso a soñar a toda la comunidad migrante en España. Con Moisés Caicedo barriendo el mediocampo y un Willian Pacho impecable en el fondo, parecía que la histórica racha sin ganar en Madrid finalmente llegaría a su fin.
Sin embargo, en el fútbol los errores se pagan caro. Cuando el partido agonizaba y Ecuador parecía tener todo bajo control, una desatención en la marca permitió que Neil El Aynaoui conectara un cabezazo letal tras un centro de Hakimi al minuto 88. Fue un balde de agua fría para una Tri que había hecho el desgaste, pero que pecó de conservadora en los últimos diez minutos, permitiendo que Marruecos ganara metros y confianza.
Más allá del marcador, el amistoso deja conclusiones importantes para Beccacece. El equipo tiene identidad y somete a rivales de jerarquía, pero la falta de contundencia para liquidar el pleito sigue siendo la tarea pendiente. Ahora, la delegación ecuatoriana empaca maletas rumbo a Eindhoven, donde este martes enfrentará a los Países Bajos en el cierre de esta gira europea. Será la última oportunidad para ajustar piezas antes de que la presión sea real en la cita mundialista de junio.

